El partido entre España y Egipto disputado en el RCDE Stadium ha puesto a Cornellà en el foco mediático por unos hechos que no deberían definir a una ciudad entera. Durante el encuentro, una parte de la grada protagonizó cánticos xenófobos que ya están siendo investigados por los Mossos d'Esquadra.

Sin embargo, reducir Cornellà a ese episodio es, sencillamente, injusto.
Lo ocurrido no representa ni a la ciudad ni a su gente. De hecho, desde instituciones catalanas se ha señalado que estos comportamientos podrían estar vinculados a grupos organizados y ajenos al comportamiento habitual de la afición local. Es decir: no estamos hablando de Cornellà como comunidad, sino de una minoría concreta que utilizó el fútbol como altavoz.

Cornellà es una ciudad diversa, trabajadora y conviviente. Basta con vivir aquí o pasear por sus calles para entenderlo: convivimos personas de decenas de orígenes, culturas y religiones. Por eso, lo sucedido no define a Cornellà; lo que define a Cornellà es precisamente lo contrario.

El problema no es la ciudad, es el comportamiento de algunos individuos.
Además, figuras del mundo del fútbol, como: Lamine Yamal, han denunciado lo ocurrido y han dejado claro que estos hechos no representan a España ni a su sociedad. Esto refuerza una idea clave: generalizar es el verdadero error.

Cornellà no merece ser señalada ni estigmatizada por unos actos que ni ha promovido ni comparte. Lo que sí merece es una respuesta clara: tolerancia cero ante el odio y defensa firme de la convivencia que caracteriza a la ciudad.

Porque Cornellà no es racismo.
Cornellà es convivencia.

¿Cómo definirías tú la ciudad?
¿Te parece justo lo que se está diciendo?